domingo, 5 de febrero de 2012

Cinco maneras de afrontar un conflicto

Suele haber estilos preferidos de habérselas con los problemas surgidos de la relación interpersonal: competir, vencer, evitar el conflicto, negociar,…
Todo depende del alto o bajo aprecio que se tenga por los objetivos perseguidos por uno mismo y, a la vez, por los de al otra parte.
Podemos distinguir cinco maneras básicas de afrontar un conflicto:
  1. Competir. Se da cuando alguien se preocupa básicamente por sus propios deseos, pensamientos y valores y no piensa en el otro.
  2. Evitar / Huir: Es la actitud de quien rehuye sistemáticamente los conflictos y evita abordar los problemas. Suele corresponder a un escaso interés por los deseos propios y ajenos o a un miedo al conflicto.
  3. Pactar / Negociar / Convenir: Se produce cuando alguien se preocupa por sus deseos pero se muestra dispuesto a tomar en consideración también los de la otra parte. Así, el conflicto se concibe como un proceso en el que, si ambos ceden, se puede llegar a un punto intermedio satisfactorio.
  4. Acomodarse / Ceder / Acatar: Se da cuando alguien se desinteresa tanto de su propia postura que sólo piensa en satisfacer la de la otra parte. Al no haber confrontación, se cede y uno acaba acomodándose siempre, acatando lo que quieren los otros.
  5. Colaborar: El enfoque menos usual. Se da cuando alguien busca satisfacer sus propios deseos y además está dispuesto a que se satisfagan también en alto grado los de la otra parte. A diferencia del caso de la negociación, en vez de ceder y ganar todos algo, se intenta una solución que amplíe las “ganancias” de ambas partes.
Lo más difícil, interesante y probablemente útil en el contexto educativo es aprender a colaborar, tarea en la que suele resultar conveniente, al menos inicialmente, el recurso a la mediación.
La negociación supone intercambio de posturas, pero dentro de cierta adversidad y antagonismo: como en cualquier situación de regateo, hay una oferta inicial de resolución tras escuchar ambas posturas, que establece los ámbitos de negociación.
Si hay terreno para el entendimiento se puede proseguir mediante sucesivas concesiones. El papel del mediador consistirá entonces en clarificar los puntos mínimos, irrenunciables, de cada parte a la otra.
La colaboración, por el contrario, parte de una situación cooperativa: hallar una solución que satisfaga los deseos y aspiraciones de ambos, lo que a su vez supone trabajar juntos. Por consiguiente, no se trata de regatear mediante ofertas y contraofertas, sino de identificar los intereses respectivos. Lo que se negocia, por tanto, son intereses compartidos para lograr el mejor acuerdo posible.
En el ámbito familiar.
Según optemos por una manera u otra de resolver un conflicto de pareja o con nuestros hijos... vamos dejando en evidencia a qué  le damos la principal importancia, dónde nos situamos nosotros mismos, dónde a los demás y cuál es nuestro pensamiento de perspectiva. 
1º)- ¿Somos de las personas a quienes lo único que nos importa es "salirnos con la nuestra" por el mero gusto de que sea así independientemente de la razonabilidad de otras posturas que no compartimos?.
  • ¿Qué consecuencias puede traer esto tanto en nosotros mismos como en las personas que conviven con nosotros?.
  • Ante una postura que sea siempre así ¿qué ambiente vamos a crear en el hogar?, ¿qué enseñanzas estamos transmitiendo a los hijos con esa actitud de "lo único que importa es que mi opinión triunfe, incluso contra argumentos que desde perspectivas más objetivas sean más razonables que los propios?.
  • ¿Qué criterios seguir para adoptar la postura de aferrarse a la propia opinión?. Si este interrogante lo pensáramos más a fondo y lo habláramos en pareja muy probablemente nos llevaría a andar más al unísono y de forma más coherente en nuestra labor educativa con nuestros hijos.
2º)- ¿Somos más bien de los que ante un conflicto con alguien lo que hacemos es "hacer como si no pasara nada", ignorar la situación y a la persona o personas que plantean esto, postergar indefinidamente la respuesta o sencillamente negarnos a hablar del asunto"?.
  • ¿A qué resultados puede llevar esto?. Conviene pensarlo antes de que esto suceda, ya que eso nos pondrá sobreaviso sobre los posibles riesgos y podremos ir adoptando posturas más adecuadas cuando la situación se dé.
  • Como padres y madres que somos, somos EDUCADORES, tenemos en esto una gran responsabilidad: ¿qué imagen transmitimos a nuestros hijos si actuamos de esta manera evasiva, huidiza e irresponsable?, ¿les transmitimos así la confianza que ellos necesitan experimentar en sí mismos para afrontar adecuadamente un conflicto?. ¿Entenderán que "los conflictos se resuelven afrontándolos" o bien creerán que "son imposibles de afrontar y por eso lo que hay que hacer es huir de ellos"?, ¿qué puede suceder, llegado el momento, en que por fin decidamos entrar a saco en un hecho o situación conflictiva sin haber hecho al respecto costumbre o hábito de afrontar conflictos?.
  •  ¿Qué criterios seguir para adoptar, alguna vez, la postura de "no entrar en un hecho o situación conflictiva"?. (Puede haber circunstancias concretas en las que quizás haya que adoptar esa decisión pero hemos de tener muy claro lo que pretendemos conseguir con ello y si esos objetivos van a ser un beneficio para nuestros hijos y también para nosotros mismos).
 3º)- ¿Nos apuntamos al  grupo de quienes valoramos nuestra postura y la hacemos valer pero al  mismo tiempo contemplamos la del otro y buscamos la manera de ambos ganemos pero sin ir más allá de la cuestión concreta que se plantea?.
  • ¿Qué frutos conseguiremos con esta forma de abordar un conflicto?.
  • ¿Basta, no obstante, con tratar de "contentar a todas las partes" sin ir más allá?. Un ejemplo: "Mi hijo de 12 años quiere ver un programa de televisión a las 10 h. de la noche; él sabe que esas horas son para estar ya en la cama durmiendo pero tiene una gran ilusión por ese programa; papá y mamá, atendiendo a la norma que compartimos todos, no lo vemos bien pero... entendemos su gran ilusión, así que decimos: "Muy bien,  puedes quedarte a ver ese programa pero mañana por la mañana te levantas el primero -sabiendo nosotros que este hijo siempre es el último en levantarse cada mañana- y ahora antes de que empiece ese programa lavas la losa, cosa que no haces nunca; el hijo nos dice que sí, que cumplirá el trato y efectivamente cumple lo de lavar la losa y nos libra a nosotros de hacerlo; al día siguiente... vuelve a levantarse el último y esta vez con más sueño  que nunca". ¿Qué consecuencias traerá esta actitud cuyo objetivo esencial es dejar en paz a todo el mundo pero sin ahondar en las cuestiones de fondo y no ir más allá?.
  • ¿Qué criterios de actuación nos deben mover a los padres para adoptar esta actitud frente al conflicto?. ¿Es suficiente siempre con que "todos estemos más o menos contentos", un simple consenso que no comprometa a más nada?.
4º)- ¿Nos identificamos más con aquéllos que aunque tenemos nuestra opinión y criterio, sin embargo optamos por retirarlo una vez expuesto por preferir siempre que sea el criterio de la otra parte el que se imponga?.
  • ¿A qué nos puede llevar esto cuando no sucede una vez sino la mayoría de las veces o siempre?,  ¿qué lectura harán nuestros hijos y nuestra pareja de esta postura?.
  • ¿Significa eso que "no tenemos criterio ni argumentos que lo sustenten"?... o ¿acaso tenemos un afán tan desmesurado de "agradar" que al final desagrademos por demostrar tanta inconsistencia?. ¿Qué es lo prioritario?, ¿qué nos debe mover para defender una postura o dejar de hacerlo?. ¿Qué actitud respecto a nosotros acabarán adoptando los demás si esta tendencia nuestra de "acomodarse" se convierte en una constante?, ¿beneficiará esto las relaciones familiares?, ¿será una buena escuela para la vida para nuestros hijos?.
  • ¿Qué fundamentos debe tener esta postura, caso de que decidamos adoptarla en un momento dado?. Hay que dialogar esas razones con la pareja y llegar a acuerdos constructivos y consistentes.
5º)- ¿Hemos  optado por la actitud de "colaborar" en la resolución de un conflicto pero sin dejarlo todo en un simple consenso para salir de la cuestión cuanto antes?. Si es así,  somos de la gente que no se contenta con solventar problemas sin más sino que buscamos siempre profundizar en ellos, buscar un bien mayor sin dejar de abordar la cuestión concreta que motiva este proceso.
  • ¿Qué frutos nos aportará a todos esta conducta si se hace habitual?. ¿Qué enseñanzas aportaremos a nuestros hijos si nos ven siempre con este talante?.
  • La perfección sólo está en Dios pero ¿no es siempre preferible aspirar a lo mejor que quedarnos con lo más o menos bueno?. La ansiedad puede ser un problema que pueda surgir de un exceso de perfeccionismo, si por buscar siempre lo mejor en vez de sólo lo bueno experimentemos tal  desasosiego personal y familiar al ver que nuestras espectativas no se cumplen que optemos por dejar de creer en que es posible hacer las cosas de manera más provechosa para todos; en ese caso, obviamente, hay que revisar bien el porqué de esta ansiedad y si hemos hecho bien los cálculos iniciales, si acaso apuntamos demasiado alto, nos propusimos metas irreales,... puede haber mil causas, pero ello no tiene que ser motivo de abandonar esta actitud que es la que nos debe orientar siempre.
  • ¿Qué criterios nos deben iluminar para adoptar la actitud "colaborativa" en las relaciones familiares?,  ¿qué metas pretendemos conseguir con ella?.
¿En todas las etapas del desarrollo de nuestros hijos, siempre, en cualquier circunstancia?.
Es  ideal que nos acerquemos lo más posible a la 5ª actitud, la de "COLABORAR", siempre que sea posible. Juntos hemos de ver cuál de ellas o cuáles de ellas adoptar con nuestros hijos en su proceso madurativo y en cada circunstancia.
Casi todas, en realidad,  pueden ser una buena respuesta siempre y cuando tengamos en cuenta los objetivos que con ellas pretendamos y valoremos la realidad por la que están pasando nuestros hijos. Tampoco es lo mismo una edad que otra: cada etapa de la vida va requiriendo una serie de respuestas específicas: habrá momentos en que será mejor adoptar una actitud que otra y puede también que tengamos que tomar de todas ellas un poco y armonizarlas en una misma situación o solución de un conflicto,... todo ello dependerá de lo que veamos con la pareja que conviene más para el bien de nuestros hijos.
Grosso modo podría afirmarse que la 1ª y 2ª son actitudes que hemos de desterrar o bien emplearlas lo menos posible y con criterios muy claros cuando lo hagamos. Las otras tres, especialmente la 5ª, son las más provechosas y mejores frutos producirán en nuestros hijos y en nosotros mismos.

PARA AMPLIAR Y CONTRASTAR CONTENIDO:
Les dejo aquí algunos enlaces-web que pueden ayudar a completar, ampliar, profundizar o sencillamente contrastar lo aquí expuesto.
También quiero informar que al menos la primera parte de este artículo está basada en documentación de la Editorial SM de quien dejo reseña también a continuación: