lunes, 12 de junio de 2017

Cordyceps, el hongo tibetano

En la naturaleza se dan fenómenos tan increíbles que parecen sacados de una novela de ciencia ficción.
Hay un extraño hongo conocido en Asia desde hace siglos, de increíbles propiedades para la salud que la ciencia moderna está corroborando una tras otra a través de más de un centenar de estudios científicos.
Pero vayamos al principio del todo…
Hace más de mil años, los pastores de las altas llanuras tibetanas observaban que sus animales, incluidos los de edad más avanzada, disfrutaban de un vigor envidiable. Saltaban, trotaban y se relacionaban entre ellos llenos de energía. También era sorprendente su actividad sexual y su fertilidad.
Intrigados por este hecho, los pastores comenzaron a interesarse por las hierbas que comían, y descubrieron la presencia de un hongo desconocido que identificaron como la razón de esa energía inusual de sus rebaños.
Había nacido una leyenda.
Su nombre: Ophiocordyceps sinensis, o simplemente Cordyceps. Aunque no es otra cosa que un hongo, se trata de una especie formidable, un hongo entomopatógeno, pues en realidad es un hongo parásito que crece en el interior de un insecto o un gusano y se alimenta de él hasta matarlo.

Un parásito aterrador.

La forma en que crece el hongo es, cuando menos, sorprendente, ¡por no decir totalmente aterradora!.
En nuestro planeta, muchos seres vivos son lo que se denomina “parásitos”. La mayoría de ellos vive a costa de sus anfitriones sin dañarlos, o con un perjuicio mínimo; incluso existen numerosas relaciones de simbiosis, en las que ambos, parásito y anfitrión, salen beneficiados. Ese no es el caso del Cordyceps, que se comporta como un temible “vampiro”, infligiendo un verdadero calvario a sus víctimas, que son hormigas, orugas o arañas.
En el caso de la hormiga, por ejemplo, el hongo libera esporas que terminan estableciéndose en la piel del anfitrión. Quince horas más tarde, empieza para el insecto una lenta agonía. Las esporas van creciendo en su cuerpo, consumiéndolo desde el interior sin llegar a tocar los órganos vitales. La necesidad del hongo colonizador por su presa va en aumento, y tiene lugar una posesión implacable, en la que el hongo se va haciendo poco a poco con el control de la hormiga, abriéndose paso hasta su cerebro. El insecto empieza entonces a presentar un comportamiento anómalo y desorientado -como si se desprogramase por completo- y vaga así durante horas. De pronto, como si de un robot teledirigido se tratase, trepa por una rama para clavar sus mandíbulas en ella y quedarse inmóvil.
El hongo, ahora dueño de su víctima, hace que ésta busque unas condiciones óptimas para su crecimiento, orientada hacia el norte. Algunas horas después de haberse anclado en la rama, la hormiga muere, paralizada como una momia vegetal. El hongo continúa entonces su desarrollo en la cabeza de la hormiga y, semanas más tarde, explosiona para diseminar sus esporas, que buscarán otras víctimas a las que colonizar.
Cuando coloniza a una oruga el proceso es similar. El micelio (conjunto de filamentos) del hongo se desarrolla a partir de esporas existentes en el suelo, desde donde infecta a la oruga, penetrando e invadiendo su cuerpo, que permanece enterrado en el suelo. Para crecer, el hongo va absorbiendo los nutrientes del cuerpo de la oruga. Meses después, la oruga finalmente muere, con su cuerpo ya totalmente consumido por el hongo, que conserva la forma del cuerpo de la larva. De la cabeza de la oruga, que permanece enterrada en el suelo, surge una estructura que emerge de la tierra, de unos 10 cm de altura, de color azul oscuro prácticamente negro, que contrasta con el verde de las praderas. Es esto lo que ingería el ganado junto con las hierbas y que le producía ese vigor y energía…

Privilegio de emperadores.

Tras la evidencia de las increíbles propiedades que tenía el hongo en el ganado, pronto se difundieron por toda China sus virtudes.
Pero, por desgracia, el hongo milagroso era tan escaso que sólo estaba al alcance de ciertas élites de la sociedad y, en particular, para los emperadores.
Aunque esas élites llevaban siglos beneficiándose de sus propiedades, las primeras referencias como hongo medicinal aparecen durante la dinastía Qing (manchú), que fue la última de las dinastías imperiales chinas.
Su escasez viene dada por su propia naturaleza. Y es que el cordyceps crece en estado silvestre a gran altitud, entre los 3.000 y los 5.000 metros. La escasez de oxígeno de este clima extremo ofrece un entorno extremadamente adverso que propicia en las especies el desarrollo de una enorme capacidad de supervivencia. Cuanto más adverso es el entorno, mejor es la calidad del hongo. A ello se suma el hecho de que el cordyceps tarda alrededor de seis años en completar su crecimiento, por lo que es aún más difícil encontrar el producto en su estado natural.
Quienes se dedican a su recolección son, en su mayoría, criadores de yaks (bóvidos que viven en las altiplanicies esteparias y en los fríos desiertos), a quienes un mes de recolección de este hongo les genera el equivalente a los ingresos anuales que perciben por su actividad principal o incluso supone su único ingreso.
En el momento de la recolección (cuatro semanas entre mayo y junio), pueblos enteros quedan desiertos cuando sus habitantes emprenden la búsqueda del santo grial fúngico. Y es que el cordyceps es uno de los productos medicinales naturales más caros del mundo. En 2012, su precio alcanzó los 140.000 dólares el kilo... ¡3 veces el precio del oro!. Así, no resulta difícil entender por qué era un privilegio exclusivo de la familia imperial. Y también es natural que los circuitos de recolección del cordyceps en la naturaleza sean un absoluto secreto para quienes lo practican.
La enorme demanda de cordyceps silvestre y su poca disponibilidad en la naturaleza han dado pie a una sobreexplotación que ha conducido a una mayor escasez. Por ello, en 1999 se clasificó como especie en peligro de extinción en China.

Cordyceps de cultivo.

En consecuencia, gran parte del cordyceps que se comercializa hoy en día es de cultivo, lo que se hace sobre un sustrato de arroz o de habas de soja o bien en un medio líquido vegetal.
Los laboratorios tienen entonces dos opciones: o bien adquirirlo a través de un proveedor externo (otro laboratorio), o bien cultivarlo ellos mismos. Desde nuestro punto de vista es obvio que, si se desea adquirir cordyceps, es imprescindible apostar por un laboratorio que realice él mismo el proceso de fermentación y cultivo, pues es la única forma de garantizar su calidad y la estandarización de sus principios activos.
Además la picaresca en torno al cordyceps es muy grande. Algunos distribuidores sin escrúpulos adulteran la producción para obtener mayores ganancias. Incluso en ocasiones venden bajo el nombre de cordyceps otro tipo de hongo que, aunque pertenezcan a la misma familia, no tienen los mismos beneficios.
Así que este sería mi primer consejo fundamental si se anima a utilizar cordyceps: elegir un laboratorio absolutamente fiable.
Investigadores chinos del Instituto de Materia Médica de la Academia China de las Ciencias lograron aislar en 1982 una cepa en fase asexual de Cordyceps sinensis, denominada Cs-4, y desarrollaron un método de fermentación para poder cultivarla en laboratorio.
Está demostrado científicamente que las propiedades medicinales del micelio cultivado de Cordyceps Cs-4 son igual de eficaces y seguras que las de ejemplares de cordyceps que se encuentran en estado silvestre.
Así que ese sería mi segundo consejo si quiere consumir cordyceps como complemento alimenticio para su salud: busque complementos que empleen la cepa Cs-4 (algunos fabricantes utilizan el nombre en latín Paecilomyces hepiali).
Por eso es tan importante elegir con cuidado el laboratorio al que se va a adquirir el cordyceps, para que sea capaz de garantizar esa calidad, utilizando cepas que procedan de ejemplares seleccionados.
Además, tomar cordyceps de cultivo tiene una gran ventaja para los escrupulosos, y es que sólo se toma el hongo (y no el insecto al que ha parasitado cuando ha sido recogido de la naturaleza). Y es que al consumir cordyceps silvestre, en realidad lo que se está ingiriendo es el estroma del hongo junto al cuerpo de la oruga, mientras que en el caso del de laboratorio sólo toma el hongo puro. ¡Todo son ventajas!.

Para qué tomar cordyceps.

El cordyceps ha sido utilizado en la medicina tradicional tibetana y china durante siglos. Y hoy día incluso la industria farmacéutica convencional ha puesto sus ojos en él y es la base de algunos medicamentos para luchar contra el cáncer o el sida, por ejemplo.
Sus propiedades son tan numerosas y están tan demostradas que es fácil encontrar razones para tomar Cordyceps sinensis como complemento nutricional. ¡Sirve para casi todo!.
Como ya descubrieron los antiguos pastores trashumantes tibetanos, es un potente vigorizante que favorece el aumento de la energía física y mejora significativamente el rendimiento deportivo en los atletas. También es un afrodisíaco que contribuye a aumentar el vigor sexual, tanto en el hombre como en la mujer.
También es un excelente complemento para luchar contra el envejecimiento celular. Los estudios han demostrado que el extracto de cordyceps mejora la actividad de las enzimas antioxidantes (SOD), disminuyendo así la oxidación de los lípidos e inhibiendo la actividad de las monoaminoxidasa (un grupo de enzimas que deterioran los neurotransmisores como la serotonina). Además, es un importante adaptógeno que ofrece una mejor resistencia al estrés y a las enfermedades. También mejora la función respiratoria y cardiovascular.
Como le comentaba, hay más de un centenar de estudios científicos que se han realizado sobre el hongo cordyceps, centrándose en diferentes parámetros: tónico o energético, sistema renal, sistema inmunitario, aumento de masa muscular, aumento de vigor y libido, propiedades antioxidantes…
Por citar algunos, que si lo desea podrá consultar utilizando las referencias científicas que encontrará al final de este texto, son muy interesantes sus propiedades en casos de impotencia masculina o disfunción sexual. Distintas investigaciones asocian una mejora en la calidad espermática, en el deseo y la libido a la ingesta de extractos de Cordyceps sinensis. La mejora en la calidad del esperma se debe posiblemente a la riqueza en vitaminas, zinc y aminoácidos.
Además, se utiliza para mejorar el rendimiento físico, tiene propiedades inmunoestimulantes, y se ha empleado para tratar trastornos respiratorios, renales, hepáticos y cardiovasculares.
Diferentes estudios han demostrado además su efecto antiestrés y antifatiga asociado a un aumento de los niveles de ATP (adenosíntrifosfato), la molécula energética de las células, y a una mejora de la eficacia en el uso del oxígeno.
El ácido cordicépico presenta propiedades diuréticas, antitusivas y antioxidantes, mientras que los nucleósidos participan en la regulación y modulación de varios procesos fisiológicos en el sistema nervioso central. El nucleósido cordicepina (3’-deoxiadenosina) posee propiedades antiinflamatorias y efectos reductores de la concentración del colesterol total, lipoproteína de baja densidad y triglicéridos en sangre.
La eficacia del extracto de micelio fermentado está avalada por numerosos estudios que han determinado, entre otros efectos, una mejora de la función respiratoria, de la función cardiovascular y renal, un aumento significativo de los niveles de testosterona y estradiol en hombres y mujeres con libido baja, y un efecto hipolipidémico disminuyendo el nivel de colesterol total.

Dónde encontrarlo y cómo tomarlo.

Cuando se toma en estado silvestre, puede tomarse en sopa, simplemente hirviendo agua y añadiendo el hongo. Tradicionalmente también se ha consumido preparándolo en platos de pollo, cerdo o pato.
Pero salvo que usted viva en el Tibet y conozca un proveedor de plena confianza que le permita incorporarlo a sus guisos –lo que probablemente no será el caso- si quiere beneficiarse de las increíbles propiedades de este hongo milenario deberá ingerirlo en forma de complemento nutricional.
Recuerde los consejos que le he dado para asegurarse de que no le den gato por liebre.
Para los que prefieran ir a tiro hecho, voy a recomendarle un producto de un laboratorio que cumple todos los requisitos y más.
Se trata del CordycepsPrime, del laboratorio Anastore.
Ni que decir tiene que utiliza un proceso de producción por fermentación de la cepa Cs-4, empleando un procedimiento biotecnológico patentado de fermentación natural que logra producir un extracto de micelio (el cuerpo vegetativo del hongo) de Cordyceps sinensis con una alta titulación en adenosina (0,28%) y en D-manitol (8%). El resultado es un estracto titulado, es decir, que este laboratorio le garantiza una cantidad mínima de los principios activos de este increíble hongo en todas y cada una de sus unidades.
Además, el hongo cordyceps contiene contiene multitud de minerales, vitaminas (A, B1, B2, B12, C, E y K), aminoácidos, ergosterol (que es un precursor de la vitamina D), polisacáridos y cordicepina, entre otros.
Respecto a su dosificación, es suficiente con 1.500 mg al día. Eso significa 3 cápsulas al día con medio vaso de agua, una en cada comida.

¡A su salud!.

P.D.: En las últimas décadas, numerosas publicaciones científicas chinas, japonesas y americanas han analizado los efectos terapéuticos del mantener o mejorar la función renal, una propiedad que podría tener un valor incalculable para multitud de personas que padecen insuficiencia renal crónica, ya que los tratamientos actuales se limitan a contener sus consecuencias. El cordyceps ha demostrado ser especialmente eficaz como tratamiento complementario en un gran número de patologías renales, incluso en las más agudas, por evitar las consecuencias –en ocasiones graves- derivadas de los tratamientos convencionales. En ese caso la dosis recomendada es mayor, entre los 3 y 6 g/día, repartidos entre las principales comidas. Si usted sufre una patología renal, hable con su médico para contemplar la posibilidad de un prometedor tratamiento con este hongo. (16)
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