martes, 8 de noviembre de 2016

Comprender y acompañar la adolescencia

(El artículo que exponemos a continuación está tomado de: http://psicodiagnosis.es/areageneral/ciclo-evolutivo/orientaciones-para-padres-de-adolescentes/index.php y es una sugerencia de un lector que nos lo envió para ser publicado aunque en su mensaje no figuraba dicha fuente.
Sugerimos a nuestros lectores que siempre que quieran hacernos llegar cualquier artículo que deseen ver publicado en este espacio "no olviden nunca citar la fuente de donde lo tomaron"; es el mínimo de respeto y reconocimiento que se les debe a los autores de dichos trabajos).

Resulta frecuente que nos cueste comprender qué sucede en ese período a partir de los 12 o 13 años cuando de repente nuestro hijo o hija pierde interés por estar con nosotros, ya no nos comenta de forma tan fluida sus propias vivencias cotidianas y parece mostrar un cierto desapego hacia los valores que le hemos ido enseñando.
Ocurre también que pueden darse conductas de cuestionamiento hacia nuestros propios modelos educativos y la búsqueda de nuevas opciones alejadas de lo que los padres esperábamos o deseábamos de ellos. Es como si el adolescente necesitara cambiar el guión previsto y buscar su propia identidad y su propio lugar entre sus iguales (ahora referentes principales en detrimento de los padres). Esto crea gran desasosiego en nosotros que nos preguntamos desconcertados qué hemos hecho mal.
La adolescencia es un momento de cambios importantes en la evolución de cualquier niño y hay que comprender las peculiaridades y procesos que se producen tanto a nivel biológico como psicológico y social. Desde su comprensión estaremos en mejores condiciones como padres para acompañar a nuestros hijos en esta etapa crucial de su desarrollo.

1- Comprender la adolescencia: Etapa de cambios.
  1. Cambios biológicos.
  2. Cambios psicológicos.
  3. Cambios sociales.
Durante la adolescencia aparecen frecuentemente dos suposiciones erróneas:
  • 1º/ La suposición de que todo el mundo le observa constantemente (Audiencia imaginaria). Ello puede provocar gran desasosiego especialmente en los más vergonzosos.
  • 2º/ Muchos adolescentes pueden pensar que sus experiencias personales son únicas y que sus padres u otras personas no las entenderán (Fábula personal): "Pero mamá, tú no sabes lo que es estar enamorado…".
"El grupo de iguales es en numerosas ocasiones refugio frente a los conflictos familiares y sociales. La dependencia de este grupo suele ser grande entre los adolescentes y jóvenes, contrastando con su autoconciencia de libertad".

2- Errores frecuentes de los padres.

1º) Los padres deben ser amigos de sus hijos.
Los padres, ante todo son padres. Ello conlleva una serie de deberes y derechos desde el rol de padre que es muy diferente al rol de amigo. Un amigo es básicamente un igual, es decir, un joven de la misma edad que nuestro hijo con el que comparte muchas de sus vivencias y que en esta etapa de la adolescencia constituye uno de los modelos más importantes de referencia en detrimento de los padres.
A partir de aquí los padres pueden tener un buen clima de entendimiento con su hijo adolescente, escuchando sus problemas e intentando ayudarlo pero no como un amigo sino desde la responsabilidad adquirida ya desde su nacimiento, crianza y posterior educación. Los padres tienen pues una responsabilidad legal y están obligados a proporcionarle todos los cuidados materiales (alimentación, casa, ropa, higiene, etc.) y psicológicos (educación, afecto, etc.). Un amigo puede aconsejarnos, un padre debe además tomar decisiones por el bien de sus hijos aunque estas sean dolorosas.

2º) El Síndrome del nido vacío.
Con frecuencia nos encontramos con padres que afirman que sienten un gran desazón por que su hijo/a adolescente quiere estar menos con ellos y se muestra poco o nada ya cariñoso/a. A veces también ocurre que hay conductas rebeldes, de enfrentamiento y cuestionamiento de la autoridad de los padres. Ante este escenario de cambio en los hijos, algunos padres suelen lamentarse con expresiones como: “He dedicado mi vida a cuidarlos, renunciando a todo y así me lo pagan…”.
Ciertamente algunos padres pueden sentirse así pero deben tener en cuenta que estos cambios forman parte del curso evolutivo “normal” del niño y nuestra tarea es acompañarles en todo el proceso de transición a la vida adulta, comprendiendo sus cambios pero también sabiendo poner límites y un cierto orden.
También comentar que los padres nunca deberían renunciar a su propio proyecto personal en aras de dedicar toda su vida exclusivamente a sus hijos. Esto es un error. Si queremos ser unos padres fuertes, unos modelos seguros y coherentes para nuestros hijos, debemos ser capaces de pensar no sólo en ellos sino también en nuestro bienestar como personas individuales. Unos padres que combinan la dedicación a sus hijos con el trabajo, actividades lúdicas, deporte, cuidado personal, etc. son padres que los jóvenes admiran y respetan más que padres que se han abandonado en todos los aspectos con la excusa de “sacrificarse”, de forma mal entendida por sus hijos. 

3- Puntos clave a tener en cuenta.
  1. La impulsividad o conductas de cierto riesgo con poca percepción del peligro forman parte del desarrollo evolutivo normal al inicio de la adolescencia como consecuencia de la explosión de las hormonas y unos lóbulos frontales que no han alcanzado todavía su madurez. Evidentemente un entorno desestructurado, unos padres excesivamente rígidos o cualquier otro tipo de problema puede convertir la etapa adolescente en un período especialmente conflictivo en lo referente a la relación padres-hijos.
  2. Los padres dejan de ser los referentes principales del adolescente. Este espacio pasan a ocuparlo los amigos y compañeros de su misma edad. Es a ellos a quienes les preguntan e incluso imitan comportamientos. Esto es un proceso natural y esperado pero al que los padres tienen que poner cierto orden y límites. Si durante la adolescencia hay escaso interés por la relación con sus iguales esto podría indicarnos algún tipo de problema o trastorno (timidez, problemas de habilidades sociales, etc.).
  3. Cierta rebeldía en la adolescencia es perfectamente normal e incluso yo diría que es lo "normal". La naturaleza prepara al adolescente para volar del nido, buscar su grupo de iguales y su pareja sexual. Por tanto, nada hay de extraño en que se produzcan las típicas discrepancias entre unos padres que les cuesta aceptar que su hijo se hace adulto y las propias necesidades del adolescente.
  4. Muchos padres se cuestionan que han hecho mal en la educación de sus hijos cuando ven que durante la adolescencia surgen situaciones o comportamientos que no entienden ni esperaban. En muchos casos, probablemente no hayan hecho nada mal. Los valores en los que hemos educado a nuestros hijos, si hemos sido capaces de enseñárselos con nuestro propio ejemplo más que con nuestras palabras, seguramente permanecerán latentes y saldrán cuando ellos mismos sean adultos, formen su propia familia y tengan hijos.
  5. Cuando se produce un rompimiento abierto y de rechazo prolongado hacia los padres en esta época puede que tengamos en el fondo un problema de índole emocional o afectivo. Padres demasiado rígidos, modelos incongruentes (discrepancias entre padres o separaciones traumáticas) pueden, entre otras causas, acrecentar en el adolescente la necesidad de romper con un pasado que le ha causado sufrimiento y buscar fuera de su propia familia unos valores y forma de vida diferentes.
  6. El adolescente ya no es un niño y, por tanto, deberemos ser capaces de adaptarnos como padres a los cambios biológicos, sociales y psicológicos que se irán produciendo.
  7. Los padres siempre tienen que estar ahí pero el adolescente debe percibir progresivamente una cierta sensación de libertad y autonomía. Un exceso de control o rigidez puede ser tan contraproducente como unos estilos de educación totalmente laxos y sin ningún tipo de límite. Por tanto la palabra clave es "flexibilidad". Debemos ser limitadores y vigilantes de sus conductas pero al mismo tiempo facilitarles progresivamente una cierta autonomía en función de las características de cada adolescente. Esto puede llevar a acalorados debates acerca de cual es la hora correcta de volver a casa o si se puede o no salir a determinados eventos.
  8. El verdadero aprendizaje en la adolescencia suele darse a través de la experiencia, del día a día del adolescente con sus iguales en las diferentes situaciones de aprendizaje pero también lúdicas. Normalmente aprenden más actuando y cometiendo errores que no por los lecciones de moral o sermones que efectúan los adultos. Aún así los padres tienen todo el derecho y el deber de comentarles sus propias opiniones y establecer límites a sus demandas.

Según algunos estudios (Statistics Canada, 1.999), la relación padres e hijos va cambiando según la edad:
  1. Así los niños en edad preescolar (2 a 4 años) mantienen un porcentaje de interacción positiva y calidad con los hijos de alrededor un 80%.
  2. Este porcentaje se reduce al 50% en las edades comprendidas entre 5 y 8 años.
  3. Para pasar a sólo el 20% en el grupo de 9 a 11 años.
  4. En la adolescencia este valor disminuye drásticamente y podríamos situarlo en nuestro país actualmente en valores inferiores al 10% en población general aunque no disponemos de estudios serios al respecto.
4- Pautas básicas para mejorar la relación.
  1. Tenemos que saber hablar con el adolescente pero no hay que forzarle a que explique sus problemas. El adolescente necesita su propio espacio de intimidad. Como padres podemos recordarles que estamos ahí para hablar con ellos y aconsejarles cuando así lo decidan o lo necesiten pero no funcionará si ellos viven esta demanda como una imposición. Si las cosas antes de la llegada de la adolescencia se han hecho bien y se han establecido unos correctos lazos afectivos, el joven acudirá a sus padres cuando lo necesite.
  2. Reforzar su papel dentro de la familia. Hemos dicho ya que el adolescente no es un niño sino un joven en transito hacia la adultez. Por tanto, démosle cierto protagonismo en casa, escuchemos sus opiniones, dejémosle participar en la toma de decisiones, fomentemos su autonomía.
  3. Si tenemos cualquier conflicto con un adolescente, es importante no imponer, al menos de entrada, nuestro propio criterio a la fuerza y desde la perspectiva adulta. Cuide las formas (evite alzar la voz aunque tenga que ser contundente en su decisión). La estrategia consiste en aportarle otros puntos de vista con argumentos suficientes para que él elija su camino con mayor conocimiento, pero que sea él quien tenga la sensación de que participa en la decisión. Esto es lo más eficaz. Dado que los padres, en esta época, no son los principales modelos de referencia, lo van a tener un poco difícil y no siempre será fácil cambiar determinadas cosas. Al final los padres tendrán que imponerse en algunas situaciones y adaptarse a otras que de entrada no deseaban (el hijo empieza a fumar, beber, quiere un tatuaje, un piercing, etc.). Insistimos aquí en la necesidad de ser flexibles (tolerar alguna cosa a cambio de evitar otras).
  4. No se trata tampoco de que los padres tengan que estar negociando siempre cualquier cosa con sus hijos adolescentes. El adolescente debe saber que su opinión es importante para nosotros, la escuchamos y cedemos cuando es razonable y creemos que se lo merece, pero la última decisión deben tomarla los padres.
  5. En esta etapa suelen ser muy buenos manipulando, a veces afectivamente ("me voy de casa…"), a los padres, para aprovecharse de sus debilidades o las circunstancias. Esto lo vemos más en adolescentes cuyos padres están separados y utilizan a uno y otro para ir consiguiendo sus objetivos inmediatos (ir a la discoteca, llegar más tarde a casa, conseguir dinero, etc.). Al respecto la mejor orientación es que ambos padres, al menos en lo que se refiere a la educación de sus hijos, compartan la información, las normas, los límites y tengan unos mismos estilos educativos.
  6. No olvide usted como padre ser un modelo seguro, estable y coherente con aquello que le vamos a pedir. Si usted es un padre inseguro (a veces castiga las pequeñas cosas e ignora las grandes, se muestra inseguro en aquello que le permite hacer cambiando los criterios día a día según como esté, etc.) difícilmente podrá tener una buena relación con su hijo adolescente. Predique con el ejemplo.
  7. Nunca discuta con un adolescente cuando esté alterado o usted mismo se encuentre nervioso o fuera de sí. Hemos comentado ya que en los adolescentes la explosión de hormonas puede facilitar expresiones extremas de rabia o furia (portazos, golpes, etc.). Por tanto si añade más leña al fuego tendremos más calor. Espere a que se haya calmado para establecer el diálogo y/o las correspondientes consecuencias (reprimendas, castigos, etc.).
  8. Los padres no son amigos de sus hijos. Ante todo son padres y eso supone, a diferencia del amigo, que tiene unos deberes y obligaciones legales hacia él, lo que supone tomar decisiones en función de las necesidades del menor. Los amigos aconsejan, los padres deciden aspectos importantes de la vida de sus hijos. Eso no impide una buena relación afectiva.
  9. Cuide su propio proyecto personal. Padres implicados en actividades lúdicas, aficiones, deporte, cuidado personal, etc, independientemente de la atención hacia sus hijos, suelen ser unos modelos más admirados y respetados por los adolescentes.
  10. En la adolescencia ya hemos comentado que suelen aparecer conductas un poco desafiantes hacia los padres u otras figuras de autoridad dentro de un contexto evolutivo "normal". No obstante, si estas conductas son de alta frecuencia e intensidad y persisten en el tiempo alterando significativamente la convivencia familiar, consulte a un profesional de la psicología.
PARA AMPLIAR O CONTRASTAR:
  • ¿Qué ideas o reflexiones nos aportó positivamente este artículo que nos han resultado novedosas?, ¿qué otras refuerzan lo que ya sabíamos?.
  • Si tuviéramos que redactar un decálogo para nuestra familia (no una familia en general sino la nuestra concreta) ¿qué 10 pautas de conducta de padres a hijos redactaríamos?.
  • De esas 10 pautas ¿cuáles nos parece más urgente llevar a la práctica y para qué?.
  • ¿En qué necesitamos cambiar o mejorar nosotros como pareja -o como padres de nuestros hijos adolescentes- para lograr una adecuada relación padres-hijos?.

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